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Álvaro Gumucio: cabeza, ojos y corazón
De la enorme boca emana un grito casi desesperado que daña los oídos y los ojos casi fuera de sus órbitas miran de frente con las pupilas dilatadas, la textura del rostro es diferente, casi irreal; las manos sostienen una cámara de la que apenas se ve la silueta, el aliento llega con velocidad y se difumina en el aire. Es una fotografía, pero todos los sentidos trabajan ante el estímulo visual, así son las imágenes que produce Álvaro Gumucio.
Este joven secuestrador de imágenes visuales, pues no son sólo fotografías, firma sus trabajos como Gumo, pero detrás de su simpleza y alegría se esconde un voyeur que lo mira todo como si en ello se le fuera la oportunidad de hacer siempre una imagen urgente. Se declara admirador de Cartier-Bresson, Maleonn, Leibovitz, Capa y La Chapelle, pero en sus limpios trabajos se nota una búsqueda por conseguir una estética propia.
La mirada inexpresiva traspasa al espectador y lo reduce a un curioso más que siente el peso de esos espesos ojos, uno de ellos tiene las marcas de un golpe, pero eso, o tal vez justamente por ello, jala las miradas y las conduce a lo largo y ancho de la imagen. Otra vez la imagen despierta sentidos que no son visuales y casi se pueden sentir la textura de la hinchazón y el olor del ungüento sobre el malogrado ojo.
Las imágenes que captura Gumo están cargadas de una realidad que roza con la fantasía. Es capaz de congelar expresiones con un sentido compositivo que condensa muchas miradas en una sola y la selección de los colores en su paleta soporta su propuesta estética.
Henri Cartier-Bresson decía que la fotografía consistía en situar la cabeza, el corazón y los ojos en la misma línea visual y Gumo insiste en seguir el consejo del maestro francés cada que acciona el obturador.
Willy Rocabado Aüe
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Gumo a primera impresión
Conocí a Gumo como un joven entusiasta por la fotografía. Seguí cruzándome con él en salas de edición, encuentros culturales y pasillos universitarios. Pensé que se trataba de alguien activo a cuyo trabajo habría que darle algún tiempo antes de cualquier tipo de análisis. En realidad, ni siquiera pensé en su trabajo; por referencias de terceros sólo supe que se trataba de un muchacho que se estaba esforzando en comprender y experimentar con la fotografía. También supe, sin que hiciera falta la referencia de ningún tercero, que Gumo no necesitaba esforzarse para dejar siempre una buena y genuina primera impresión de buena madera.
Con el paso del tiempo, aquí y allá empecé a oír que había ya un nuevo nombre en la fotografía cochabambina. Amigos mucho más entendidos en el tema que yo me dijeron que viera sus fotos, que las texturas eran sorprendentes y que lo más importante era que su dedicación y humildad seguían intactas. Me alegré por las buenas noticias pero no me sorprendieron del todo pues supe que en este caso también podía aplicarse la noción de que la confirmación del talento llega sólo para quienes no se han sentado a esperar. Eso quizás pueda aplicarse a todos los casos de los jóvenes maestros; hay, sin embargo, algunas otras verdades que son sólo justas para este muchacho.
Su fotografía es auténtica. Viene de un trabajo de campo que se alivia por su buen humor y se sostiene en la destreza técnica de un seguimiento verdaderamente documental a sus historias y sus personajes, lo mismo si se trata de un intenso monólogo de teatro en un bar repleto de gente o de una muchacha encantada que mira esa obra desde una mesa que nadie más, o casi nadie más, se detiene a ver. El instante real ese escenario esquivo, espacio y tiempo, en el que se encuentran las buenas fotografías puede delatarse, entregarse.
Finalmente, después de todos estos procesos inadvertidos pero indispensables, quedamos frente a sus fotografías. Las que él escoge y nos envía al día siguiente para que nosotros nos preguntemos en qué condenado momento, desde qué extraño ángulo y con qué extraña y, a la vez, familiar felicidad captó él ese momento. El momento deja su impresión: la imagen. Gumo también deja una impresión en la gente, cada vez más nítida pero siempre coincidente con aquella buena primera impresión que se tuvo al conocerle.
Leonardo de la Torre Ávila
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Kind regards,
Frank
Enjoy my last News Article 'Finest Macro, Nature and Invertebrates in Squares'
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sol omnia regit
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